Presentación

La revista literaria "Boliche" fue creada por tres estudiantes de Literatura de la PUCP. Sus nombres son Bruno Nassi Peric', Jesús Salazar Paiva y Rashell Díaz Castillo, quienes ahora le dan la bienvenida a equipo a Natalia Ríos Subiria, también estudiante de Literatura en la misma casa de estudios.
Este proyecto tiene como fin el difundir la literatura tanto de forma crítica, como en manera creativa. Por lo que se espera combinar trabajos de personas especializadas en la materia, como personas que aún se están abriendo paso, ya sean estudiantes de la especialidad o no.
Es así que los invitamos a participar en nuestros siguientes números enviándonos sus trabajos a :
gdil.boliche@gmail.com

jueves, 24 de junio de 2010

RESEÑA Los funerales de la Mamá Grande. Gabriel García Márquez

Daniel Romero

Los funerales de la Mamá Grande (1962) es un libro que consta de 8 relatos. El último de ellos es el que le da título a la obra. Referente claro del realismo mágico de García Márquez, Los funerales de la Mamá Grande continúa con la configuración de lo que sería Macondo en Cien años de soledad, convertido ya en un claro referente literario - geográfico, como el condado de Yoknapatawpha de Faulkner o la Comala de Rulfo. Las referencias a la familia Buendía y los restos de la compañía bananera muestran cierta continuidad –o paralelismo– con la obre cumbre del Nobel de Literatura de 1982.
La extensión de los relatos es relativamente corta. Sin embargo, algunos podrían formar parte de una misma estructura narrativa; es decir, ciertos relatos podrían tener continuaciones o constar de dos capítulos. De esta manera, La prodigiosa tarde de Baltazar y La viuda de Montiel comparten una clara continuidad, palpable en el crecimiento del hijo de los Montiel y su trabajo en Alemania, así como en la muerte de Chepe Montiel. Pero si tomamos en cuenta el hecho de que hayan sido publicados como relatos distintos, nos tenemos que abstener de afirmar, como al inicio del párrafo, que sean parte de una misma historia. Una interpretación alternativa es que, en vez de una misma estructura narrativa continua, sean solo los personajes los que son parte de diferentes relatos. Así, por ejemplo, la viuda Rebeca está presente en La siesta del Martes y Un día después del sábado. No obstante, en ambos no existen referencias hacia el otro relato, lo que podría considerarse, incluso, como una simple coincidencia de nombres. A pesar de una posible secuencia, en determinados relatos, como lo hemos mencionado, estos no están ordenados cronológicamente en la obra. Y, si bien existen indicios de un ordenamiento en el tiempo, a lo largo de los diferentes relatos, tanto en los títulos como en el desarrollo de los mismos, no son suficientes como para otorgar una secuencia fija a los cuentos, y responderían más a un línea de tiempo válida únicamente dentro de cada uno de los relatos, sin corresponder al conjunto de Los funerales de la Mamá Grande.
El estilo continúa con lo que será la obra de García Márquez en obras posteriores. Las ricas y detalladas descripciones del ambiente le da protagonismo al contexto en que se dan las acciones: "No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en calor. La mujer y la niña descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de la sombra."
Un elemento que se repite a lo largo de los relatos es el calor sofocante que evita que los habitantes del pueblo puedan vivir tranquilos: "Eran casi las dos. A esa hora, agobiados por el sopor, el pueblo hacía la siesta. [...] Solo permanecían abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a un lado de la plaza".
A lo largo de los ocho relatos, se evidencia un estilo ordenado lo que ayuda a una lectura ágil. No hay monólogos o diálogos insertados en medio de las descripciones, ni cambios bruscos en el tiempo sin alguna referencia que lo indique. El narrador único es omnisciente y desarrolla sus relatos con un discurso directo.
Alejémonos de la forma y planteemos una hipótesis respecto al fondo. En los relatos, con mayor o menor magnitud, se observa una aparente lucha de clases. Existen personajes marginados (viudas, ladrones, un carpintero, un dentista sin título) y otros de clase privilegiada (alcalde, médico, Mamá Grande e incluso los sacerdotes). El posible trasfondo social estaría en que estos diferentes protagonistas están en conflicto. Una viuda lucha contra lo que quiere o no quiere hacer un sacerdote en La siesta del martes; un dentista sin título se desquita de un encono en contra del alcalde sacándole una muela sin anestesia en Un día de estos. Una mujer embarazada, que gana un poco de dinero lavando ropa, se enfrenta a de su pareja que ha empezado a robar en En este pueblo no hay ladrones. La prodigiosa tarde de Baltazar, por otro lado, muestra el conflicto de un astuto carpintero y el rico del pueblo y, en La viuda de Montiel, la viuda del difunto rico sufre los ajustes de cuentas de un pueblo resentido por los perjuicios que les causó el fallecido. Un forastero que perdió el tren, por lo que tuvo que quedarse en Macondo, identificado por un senil cura como "El judío errante", es señalado como la causa de una peste que causa la muerte de pájaros en Un día después del sábado. Una ciega sufre el maltrato de su nieta que no aguanta que le llamen la atención o que, a pesar de su falta de sentido de visión, su abuela pueda saber todo lo que hace en Rosas artificiales. Finalmente, en Los funerales de la Mamá Grande, se narra los últimos días de vida de la Gran Vieja, a la que estaba subordinado tanto el poder del gobierno, representado en la figura del presidente, como la Iglesia Católica, personificada en el Papa. Mientras más lee, el lector comprende la vastedad del imperio de dicha mujer, y el porqué del calificativo de “Grande”: "Ahora podía el Sumo Pontífice subir al cielo en cuerpo y alma, cumplida su misión en la tierra, y podría el presidente de la República sentarse a gobernar según su buen criterio, y podían las reinas de todo lo habido y por haber casarse y ser felices y engendrar y parir muchos hijos, y podían las muchedumbres colgar sus toldos según su leal modo de saber y entender en los desmesurados dominios de la Mamá Grande, porque la única que podía oponerse a ello y tenía suficiente poder para hacerlo había empezado a podrirse bajo una plataforma de plomo.
Un poder gamonal que no dejaba que ni el presidente pudiera gobernar según su criterio. ¿Acaso no es lo que -con el peligro se sacar completamente de contexto un cuento que podría haber sido pensando sin ningún fin parecido al que se está por enunciar- lo que ha pasado en países subdesarrollados?
Sea nuestra hipótesis correcta o no, lo cierto es que en Los funerales de la Mamá Grande, Gabriel García Márquez va forjando Macondo y perfeccionando su realismo mágico. El tema de los cuentos muestras cierta temática social, simbolizado en la lucha de variopintos personajes entre sí. Obra de lectura ágil, muestra la capacidad cuentista de Gabo.

La idealización de la amada en tres “Nocturnos” de José Asunción Silva

Jesús Hidalgo Campos

Nocturno. Pieza de música vocal o instrumental, de melodía dulce, propia para recordar los sentimientos apacibles de una noche tranquila. (DRAE)

El poeta bogotano José Asunción Silva (1865-1896) agrupó tres poemas en El libro de versos bajo el título de “Nocturnos”. En el primero, “A veces cuando en alta noche”, el poeta hace referencia a las noches en que la amada toca el piano, gracias a lo cual la mente del yo poético regresa a ocasos que ambos amantes observan desde la ventana de la estancia de un castillo. En el segundo poema, “Poeta, di paso”, nos hallamos ante tres noches distintas que el poeta recuerda desde diversas perspectivas. En la primera y segunda, el yo poético y la amada sostienen sendos encuentros amatorios a la luz de la luna en una “selva negra y mística” y en una “alcoba sombría”, mientras que en la tercera, la “noche trágica”, la amada yace muerta y el poeta observa su cuerpo sin vida. Incluso, se podría indicar una cuarta noche desde la cual el poeta recuerda las tres anteriores (1). En el último poema, solitario en una noche, el yo poético rememora a su amada caminando sobre “arenas tristes” a la luz de la luna hasta llegar a la alcoba donde se encuentran ambos, pero al tener el encuentro amoroso ya el frío de la amada anuncia “el frío del sepulcro… el frío de la muerte… el frío de la nada”. Como vemos, las tres composiciones reflejan dos tiempos, un tiempo desde el cual el yo poético escribe o recuerda un tiempo pasado, una noche con la amada.
Según Germán Arciniegas, de los poemas se desprenden algunos rasgos biográficos del propio Silva. Así, este crítico ha señalado que en su juventud “Se reunían -¿dónde, cómo, cuándo?– Silva, Sanín, Arias Argáez… y eran coloquios como fuera de lugar. O en la sala, con el piano al fondo y la música de los Nocturnos en el atril”. De acuerdo con Arciniegas, Silva era aficionado a los “Nocturnos” de Chopin, por lo que debe entenderse que a ellos hace alusión en estos poemas. Asimismo, señala que
hay un camino que a mi juicio ayuda a comprender la elaboración del ‘Nocturno’… el poeta se detiene ante la noche de plenilunio en esta Bogotá situada entre los montes vírgenes que le forman un espaldar de ramas y musgo, y la sabana, horizonte de sauces, robles, eucaliptus y lagunas donde la luna esparce su luz blanca. Nadie que conozca esta geografía poética deja de encontrarla en los versos en que se entrelazan las sombras de la muerte y el recuerdo.

Pero, sobre todo, Arciniegas ha querido ver en esta imagen femenina idealizada una alusión a Elvira, hermana de José Asunción, como cuando propone que “Como fondo de su estancia [la de Silva] en París, sería la Elvira que se aleja en el ‘Nocturno’ y que está detrás de la pantalla musical”. No estoy muy seguro de que de alguno de los tres poemas que conforman la sección “Nocturnos” emane alguna referencia a Elvira (a menos que sea ella la que toca el piano en “A veces cuando en alta noche”). Sí me parece, más bien, que esta presencia responde a la idealización femenina como tópico literario.
Ya Gustavo Mejía ha destacado que encasillar a “Una noche” como poema elegíaco “habría de desembocar en una desafortunada lectura que establecía vínculos inmediatos entre la biografía del poeta y la obra literaria, derivando hacia la confusión de los sentimientos expresados en el poema con las relaciones entre el propio Silva y su hermana Elvira”. De lo que sí hay seguridad es que en el primer poema se retoma la imagen de la mariposa (“Sobre las teclas vuela tu mano blanca, / Como una mariposa sobre una lila” vv. 2-3), que tan simbólica será en De sobremesa, la célebre novela de José AsunciónSilva. Así, se narra la mañana siguiente a la escena ritual nocturna en la que Helena arroja a Fernández un ramo de rosas pálidas desde su balcón:
Cuando desperté esta mañana, después de un dormir enfermizo, conseguido con dos gramos de cloral y lleno de las imágenes del día, de los ojos azules, de la faz pálida, de la cabellera castaña, del incesante revoloteo de una mariposilla blanca sobre tres hojas verdes y del ramo de rosas, el sol rayaba de oro las persianas de mis balcones.

Si tenemos en cuenta que la Helena de De sobremesa es una invención literaria con rasgos similares a la mujer débil de las representaciones de la escuela prerrafaelita de Dante Gabriel Rossetti y su Cofradía, representaciones de las que tanto gustaba Silva (hecho que se refuerza con la semejanza que establece José Fernández entre Helena y una virgen de Fra Angélico), que aparezca una mariposa en el poema podría brindar una pista de lectura hacia la opinión de que nos encontramos frente a una idealización y no frente a una persona real y concreta.
Otro argumento a favor de la idea de que la mujer amada representada en los tres “Nocturnos” es una invención ficcional y no una persona de carne y hueso lo ofrece Gabriel García Márquez cuando señala que los contemporáneos de José Asunción Silva
Nunca entendieron que no se le conociera novia a un hombre famoso por sus memorables poemas de amor. No entendieron que hubiera rechazado a una de las solteras más codiciadas de la ciudad, hija y sobrina de presidentes, y que acompañara a sus amigos de bohemia a lugares prohibidos sin arriesgar la virginidad. Entonces lo llamaron –¡cómo no!– El casto José.

Si a José Asunción no se le conoció mujer y, además, rechazó a la hija de altos funcionarios colombianos, parecería obvio que su representación de la mujer esté más emparentada con la literaria (y la pictórica) que con la autobiográfica. Finalmente, como ya ha señalado Eduardo Camacho, la filiación entre Silva y Edgar Allan Poe es notoria, en vista de que en su poema “The Raven” “Poe afirma que el asunto más poético del mundo es la muerte de una bella mujer… ¿No es éste el asunto de los mejores poemas de Silva?”. En efecto, el recuerdo de una bella mujer que el yo poético amó en un tiempo pasado es el tema de los tres “Nocturnos”, por lo cual, como se ha explicado anteriormente, respondería a un tópico literario: la idealización de la amada muerta.
En conclusión, este tópico brinda cohesión y sentido de conjunto a los tres poemas que el poeta colombiano José Asunción Silva agrupó bajo el rótulo de “Nocturnos” en El libro de versos. Con ello, se puede dejar de lado interpretaciones que relacionan los poemas con la biografía del autor pero que, definitivamente, simplifican el trabajo artístico del casto José.


Notas:
(1) Esto se remarca con mayor claridad en la versión original del poema, “Ronda”, la cual concluye con el siguiente par de hexasílabos: “Poeta, a las sombras / Temblando me vuelvo” (vv. 34-5).

Después del Inca Garcilaso, Vargas Llosa

El Inca Garcilaso de la Vega es, sin duda, el escritor peruano que más ha marcado nuestras letras. Sus Comentarios Reales de los Incas y la Historia General del Perú están escritos en una prosa muy fina y rica que atrapan al lector de inmediato. Su obra, además, si bien pretendía ser histórica, ahora la podemos ver como un testimonio literario inigualable, fundador de nuestra literatura en el siglo XVI. Hoy, en el siglo XXI, es válido preguntaros si es que después de Garcilaso ha existido –o existe– algún escritor tan genial y trascendente como él. En mi opinión –que de hecho es muy polémica y discutible para muchos– la figura literaria más importante, en el campo de la narrativa, tras el Inca, es Mario Vargas Llosa. Fundamentaré, en seguida, mi opinión.
Lo primero que me lleva a decir que Vargas Llosa es, tras el Inca, el escritor más trascendente de nuestro país, es el poder de representatividad que tienen sus obras. Quiero decir que un común denominador en muchas de las novelas de nuestro afamado escritor, es la presencia de las múltiples voces que componen la realidad peruana. La polifonía de la que habla Mikhail Bajtin está presente en gran parte de la obra novelística de Vargas Llosa. Pero, lo importante no es sólo representar las distintas voces, pues muchas veces al ponerlas por escrito se les tergiversa, se les quita su esencia y se vuelven caricaturas con forma de cliché. Mario Vargas Llosa es uno de los pocos escritores que, con un finísimo oído y un talento narrativo excepcional, logra plasmar en sus obras la voz, tal cual es en la realidad, de las distintas realidades que coexisten amalgamadas en el Perú.
Con respecto al punto anterior, puedo advertir que muchos protestarán oponiendo a José María Arguedas y diciendo que él, en efecto, plasmó todas las sangres en su obra. Pienso que no hay razón para dicho enfrentamiento, pues la genialidad de Arguedas radica en haber creado un lenguaje especial, muy bien elaborado, que le permitía representar de un modo entendible para el gran público las distintas realidades que él había visto y vivido. Vargas Llosa, por su parte, lo que hace es trasladar al campo narrativo múltiples voces, él no pretende crear un lenguaje especial. Viéndolo de este modo, resulta inútil pretender oponer a sendos escritores. Ambos se han acercado a la realidad de distintos –y geniales– modos.
Lo segundo que me lleva a proponer a Vargas Llosa como nuestro segundo escritor más significativo, es la magnífica ingeniería literaria, por llamar de algún modo a su manejo de los recursos narrativos, que despliega en sus novelas. La obra cumbre a este respecto, no cabe duda, es Conversación en La Catedral, aquella monumental novela en la que el personaje principal se pregunta “en qué momento se había jodido el Perú” y en qué momento se jodió él mismo (esto causa en lector una introspección para buscar el momento en el cual él mismo se jodió). En este relato, el recurso más elaborado es el diálogo periscópico, es decir, la mezcla de varios tiempos dentro de una construcción dialogística (una línea puede ser la conversación actual entre Santiago y Ambrosio, la siguiente puede ser un diálogo entre Ambrosio y el padre de Zavalita años antes). La ciudad y los perros es otra estupenda novela, en la cual la hábil mano del autor logra una construcción narrativa, en la que el narrador parece borrarse y el lector se siente en contacto directo con los personajes. Estas dos novelas son, por supuesto, solo un pequeño ejemplo dentro toda la vasta maquinaria narrativa que se extiende a lo largo de las novelas de Vargas Llosa.
Un tercer punto que me hace pensar en Mario Vargas Llosa como el escritor que tras Garcilaso ha marcado con mucha fuerza las letras peruanas, es el reconocimiento internacional del que nuestro contemporáneo novelista goza. Muchos dicen que esto es producto del marketing, que el famoso “boom” de la literatura hispanoamericana fue la plataforma hacia la cual Vargas Llosa saltó, junto con otros, a la fama mundial. Ciertamente, el “boom” y la labor de la representante literaria Carmen Balcells, fueron cruciales para dar a conocer a los nuevos narradores latinoamericanos; sin embargo es mezquino reducir el reconocimiento internacional solo a factores extraliterarios. La obra del Inca Garcilaso como la de Vargas Llosa, ha merecido la atención internacional porque esencialmente son piezas literarias de gran calidad, que plasman genialmente, a través de la sagaz mano de su autor, la realidad de la que parten y buscan representar.
He expuesto aquí brevemente tres razones, de entre varias otras, por las que pienso que tras la figura excepcional del Inca Garcilaso, se encuentra la también genial figura de Mario Vargas Llosa, de quien me atrevo a decir con mucha convicción que es el mejor novelista que ha engendrado el Perú. Por supuesto, mi opinión, como todas, es debatible. Pero lo que sí debe quedar fuera del debate son los prejuicios.

Editorial

Parece mentira que ya hayan pasado poco más de seis meses desde que, reunidos en una de las mesas del bar “Boliche”, Rashell Díaz Castillo, Jesús Salazar Paiva y yo decidiéramos emprender este proyecto editorial. Trabajamos arduamente para sacar nuestro primer número, nos fuimos abriendo paso no sin dificultad hasta que finalmente logramos, en septiembre, lanzar nuestro ejemplar inicial. La acogida fue realmente buena, con lo cual nuestro empeño se fortaleció aún más. Hoy, con mucho orgullo y satisfacción, pero al mismo tiempo con el sano inconformismo que nos hace querer seguir mejorando, les presentamos nuestro tercer número.
Esta tercera entrega marca una nueva etapa de la revista literaria “Boliche”. Y esto no es porque haya un cambio –que ya estaba programado– en la dirección, sino porque como equipo hemos decidido implementar nuevas secciones y cambiar el diseño gráfico con el cual se presenta la revista. De este modo, inauguramos ahora la Sección Cultural, el Vocabulario Literario y una sección de interacción con nuestro público llamada Cartas de los Lectores. Esta última nos emociona bastante, pues hemos recibido varias comunicaciones que nos han expresado su interés por nuestro proyecto y muy gentilmente nos han expresado sus comentarios y sugerencias. Asimismo, como ya se ha mencionado, el diseño ha sido refrescado, ya que creemos que es importante que la presentación vaya siempre de la mano con nuestra innovación en los contenidos.
Pero estas novedades no vienen solas. Ellas acompañan a nuestras secciones de crítica y creación literaria. Como en los números anteriores, estas incluyen artículos de reconocidos especialistas como el doctor Eduardo Hopkins y de personas que han encontrado en nuestra revista una tribuna para publicar por primera vez sus artículos, reseñas, cuentos o poemas. Desde aquí un cordial agradecimiento a todos nuestros colaboradores. Su confianza es para nosotros un aliciente para seguir trabajando y mejorando.
Ahora que ya he presentado este tercer número, quiero aprovechar el espacio de esta editorial para esbozar algunos comentarios alrededor de una pregunta que a primera vista podría parecer cándida: ¿son los lectores realmente conscientes de la ficción en la literatura? Como dije, a muchos podría parecerles que esta pregunta peca de ingenua o de redundante, pues asumen, correctamente por supuesto, que la literatura es ficción. Pero, ¿realmente se asume este postulado? Si fuera así, entonces por qué es común escuchar que algún erudito cuestione la “veracidad” histórica de cierta obra literaria, como por ejemplo se ha hecho con la maravillosa novela La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa. De otro lado, si fuera cierto que se da por sentado que toda obra literaria es una ficción, entonces por qué es tan usual que el público trate de encontrar el alter ego del autor en determinados personajes o trate de reconocer a ciertos personajes de la vida real en los personajes que componen la obra literaria.
Queda claro, pues, que pese a que se entiende a la literatura como ficción, existe una tendencia bastante notoria de querer cotejar o equiparar a la obra con la realidad. Esto lleva a algunos escritores a borrar las “huellas”, a querer deshacerse de esas marcas suyas que inevitablemente deja en cada uno de sus personajes. Pienso que llegar a este extremo no es necesario, pues la creación literaria adquiere por sí sola vida propia, se forja ella misma una identidad más allá de su autor. Claro, esto tampoco quiere decir que el autor ha muerto, como postuló en los años setenta el brillante semiólogo Roland Barthes. La presencia del creador es innegable, su estilo siempre se hace visible.
Me parece, sin embargo, que dentro de toda la confusión que puede generar, la búsqueda que hace el lector de huellas de la realidad en la obra literaria, es positiva. Cuando una persona se acerca a una obra literaria lo hace con mucha expectativa: espera que ese producto que está por descubrir lo transporte a nuevas realidades, que le presente a nuevas personas, que le suscite emociones, etc. Entonces, que un lector pretenda llevar a la realidad las líneas que acaba de leer significa dos cosas: que la historia es verosímil –la verosimilitud es el valor supremo en toda obra literaria– y que la trama ha impactado tanto a quien la ha leído, que dentro de ella o él ha surgido la necesidad de conocer físicamente a esos personajes que recién ha conocido.
Sin duda, este tema da para mucho más. Aquí solo he querido delinearlo brevemente y por supuesto insertarlo dentro del debate literario.
Antes de terminar, quiero agradecer a Rashell Díaz Castillo por sus gentiles y amigables palabras en su despedida. Quiero, además, felicitarla por su excelente labor en la dirección de los dos primeros números. A ella y a Jesús Salazar Paiva, les debo todo mi respeto, cariño y admiración. Realmente es un honor y un gusto enorme poder llamarme amigo de ellos.

Bruno Nassi P.
Director Revista Literaria “Boliche”

Cambio de mando

El proyecto iniciado públicamente el jueves 10 setiembre del 2009 pero que se gestó unos meses antes, por el Grupo de Difusión Literaria (GDIL) fue el principio de una etapa diferente en la vida de sus fundadores. Aprendimos mucho de nuestro proyecto y gracias a él hemos engrandecido nuestras expectativas profesionales y personales. Aprendimos labores editoriales y logísticas, pues la materialización de una revista supone de un esfuerzo conjunto, compromiso y paciencia. .
Así, el inicio de nuestro recorrido ha sido trajinado, pero satisfactorio a pesar de seguir buscando más; poco a poco nuestras metas se han ido logrando. En nuestros seis primeros meses, nuestro entorno ha recibido con entusiasmo, alegría, críticas constructivas y algunos golpes que en su conjunto son enriquecedores para nuestro camino que a fin de cuentas es valorado por el público lector quien es parte importante en nuestra tarea de difusión.
De todo ello, aprendimos algo, de todo ello nos quedaron las ganas de aprender, de difundir y tener la certeza de que como iniciadores de este boom editorial -dentro de la PUCP, que esperamos se siga impartiendo-el cual creemos es muy importante pues se empieza a tener una conciencia de cultura editorial y a la vez se ha llegado a tener un impulso en la creación de otros grupos que, a pesar de tener objetivos diferentes a los nuestros y que respetamos como grupo abierto que somos, ha empezado a brotar dentro de un alumnado que antes se mantenía silente.
Nos enorgullece haber propiciado este cambio. Personalmente, como directora de las primeras dos ediciones de la revista, me produce una intensa satisfacción observar el desarrollo de este proceso estudiantil, predominantemente cultural,
en otros grupos que defienden su punto de vista y que demuestran, en su trabajo, una gran convicción, como nosotros, y que comparten nuestra expectativa de expansión y difusión de aquello que siempre nos reúne: la literatura y todo, todo lo que conlleva.
Por nuestra parte, aprendimos mucho y mejoraremos poco a poco escuchando a nuestros lectores, a nuestros profesores, los cuales depositaron su confianza en nuestra revista e – indirectamente- en nosotros. Siempre agradeceremos sus sugerencias, contribuciones, observaciones y discrepancias: esto representa este espacio.
Finalmente, me despido de esta labor y le doy la bienvenida a una persona muy capaz e innovadora a la que tengo el placer de llamar amigo y me uno al comité editorial, junto con un gran amigo, que en un futuro cercano demostrará aún más sus capacidades de liderazgo y cognoscitivas.
Por mi parte, gracias a los lectores, a los colaboradores y a quienes siguieron nuestros pasos, pues esa era una de nuestras grandes metas.

martes, 18 de mayo de 2010

Anuncio

Pronto estaremos poniendo artículos del tercer número y subiremos nuevas imágenes.

CONVOCATORIA AL CUARTO NÚMERO


Fuente: Garamond 11, espacio y medio.

Ensayos: Máximo de 6 caras.
Cuentos: Máximo de 4 caras.
Poemas: Máximo de 2 caras.
Reseñas: Máximo de 4 caras.
Actividades culturales: Máximo una cara, describiendo la actividad. Poner el lugar, la hora de atención y la dirección del evento.

Cualquier duda o sugerencia: gdil.boliche@gmail.com